Nuestro mundo.
El medio ambiente:
En todo caso, esta crisis está destapando un ya muy destapado cuestionamiento a una serie de “valores” que rigen el mundo contemporáneo y que tienen que ver con la economía. Parece, por lo menos hasta hoy, que el intento central por explicar y dar rumbo al mundo pasa, casi exclusivamente, por variantes económicas. La pobreza se explica por determinados factores de producción y de distribución de la riqueza. Las deficiencias en salud se deben a factores económicos. La mala calidad de los sistemas educativos pasa, también, por “importantes” factores económicos. El medio ambiente se deteriora, por supuesto, debido al modelo económico predominante. En términos generales, se pretende, como ya mencionamos, explicar e incluso determinar la complejidad y el quehacer en el mundo meramente desde una perspectiva económica. Pareciera que la fórmula “más dinero = mundo mejor” se debe entender como la Verdad, así con mayúscula. Está claro, por lo menos para mí, que el mundo de hoy, en cual hay más dinero que nunca, se ha cansado de probar lo contrario. Y que no me malinterprete Carlitos, no estoy peleado con el dinero, estoy peleado con la visión reduccionista que atribuye a la fórmula antes mencionada el origen de la Felicidad, también con mayúscula.En este sentido, comienzan a leerse y escucharse voces que hablan de un cambio de paradigmas precisamente debido a la actual - y grave - crisis económica mundial. “Las cosas nunca volverán a ser como antes… el mundo comienza a despertar y a entender que el “éxito financiero” no está necesariamente ligado al bienestar, entendido éste en sentido amplio, incluyendo la salud, la educación, la espiritualidad, etc.”. Comentarios como éste - expresados de una y mil maneras - recorren ya los discursos de líderes de opinión, políticos, empresarios y gente de a pie.
Evidentemente, no hay nada nuevo en todo esto. Sin duda, las crisis son el momento idóneo para el replanteamiento de los más diversos esquemas, pero una vez concluida dicha crisis, lo más probable es que las cosas sigan como hasta ahora, sin avances reales sobre la disminución de la pobreza, el cuidadano del medio ambiente, la universalización de la salud, la desaparición del analfabetismo, el fin de las guerras, entre muchos otros temas apremiantes. Tal vez se podría aprovechar la muy crítica coyuntura para dar una oportunidad real a la crítica de nuestros principales paradigmas. Vale la pena abrir la puerta a ideas complejas sobre un mundo complejo, que en su cotidianeidad rebasa cualquier visión reduccionista sobre sí mismo.
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